Danzar dejando flamear todas las velas, los lazos de tus punteras, las caricias que te quedan, la última gota de lluvia en el costado puede ser más complicado.
Más y más masticar ambiciones ahogadas, más y más sentir las pestañas mojadas mirando la hierba tan seca.
Finalmente aprendí que es posible sosegar los párpados y regocijarte en el sinsabor a la vuelta de esta noche, o aferrarte al giro de tu esfera y exprimirlo todo segundo a segundo.

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